“Vinimos, vimos y Dios venció”. “Confía en María y verás lo que son milagros”.
Andrés Juan Vera Alcaide
´ Corría el año 1683. Los otomanos por segunda vez volvían a desplegar todo su poder por el viejo continente arrasando todo a su paso. Llegaron a las puertas de la propia Viena, corazón y llave de paso de la Europa Cristiana. El ejército turco muy poderoso pero derrotado en el primer asedio de Viena en 1520 y en el Mediterráneo hasta Lepanto, parecía esta vez imparable. El Sacro Imperio de los Habsburgo (la rama germánica de nuestros Austrias españoles) se encontraba débil frente al enemigo. Rápidamente los ciudadanos de la capital se aprestaron a parapetar la ciudad. En total unos 20 mil hombres capitaneados por el general príncipe von Starhemberg frente a 120 mil otomanos. El pronóstico de la derrota parecía asegurado. Pero para Dios nada hay imposible. El emperador Leopoldo I se retiró a rezar a la basílica de María Auxiliadora en Passau. No paró de rezar con el característico fervor de la época.
Y al fin el milagro se produjo. Contra todo lo esperado, el católico rey polaco Juan III Sobieski acudió al auxilio del Papa en la última batalla de la historia donde más caballería se empleó: unos 40 mil jinetes. La cristiandad había apoyado al emperador, España había mandado dinero. Y con la tenacidad y la fuerza, pero especialmente la fe, se logró la victoria. Así, al vencer la batalla decisiva de Klahenberg, tras dos meses de asedio y cuando Viena estaba a punto de capitular, el Rey polaco envió una carta al Papa Inocencio XI que comenzaba con las palabras: “Vinimos, vimos y Dios venció” parafraseando el “Veni, Vidi, Vinci” de Julio César. El compositor Barroco H. Biber compuso la obra Los misterios del Rosario en torno a la devoción mariana por excelencia. Y el propio Papa impulsó la piedad hacía María Auxiliadora.
Hay situaciones, especialmente ahora en las actuales complicadas circunstancias o en tantos otros que vivimos donde nuestra fe se pone a prueba. No solamente con la enfermedad, sino en la soledad, incomprensión o tristeza. Quizá también en las secuelas de la crisis tales como la incertidumbre por el empleo y tantas otras cosas que azotan a nuestro mundo. Pero tengamos fe como la propia María la tuvo en Jesús y podremos como el apóstol que confía, caminar sin temor a hundirnos sobre el tempestuoso mar de nuestro tiempo. Unidos en la fe y en torno a la figura del Papa que tanto nos encomienda en sus oraciones a María.


Wallfahrtskirche Mariahilf o Iglesia de María Auxiliadora en Passau (Austria) y una de las primeras imágenes que hubo de María Auxiliadora.

El rey polaco Juan III Sobieski entregándole al legado pontificio la carta anunciándole al Papa la victoria.
La música de H. Biber, Rosenkranz-Sonaten, en torno a los misterios del Rosario como acción de gracias a María.
Y aquí tenéis el enlace a las dos entregas anteriores: